sábado, 3 de julio de 2010

Pss, pss, vigilad que no viene nadie...

... actualización relámpago

La verdad es que no debería de estar escribiendo. Tendría que estar preparándome la reseña de Canciones para Paula (esta noche cae ya, prometido). Pero haciendo limpieza en mis archivos he encontrado una historia que escribí hace algún tiempo a una amiga. Le he dicho que si le gustaría que la publicase y se me ha emocionado la chiquilla. Así que mientras me voy preparando una entrada con sustancia, os dejo aquí un trozo (porque si os lo dejo todo soy chica muerta) para que vayáis leyendo. O para que haga bulto, una de dos. Advertiros antes de nada que yo no creo en el amor a primera vista. Es algo que nunca ha encajado en mis engranajes cerebrales. Pero como la historia era para una amiga y en ese instante ella era considerada mi mecenas, pues contra mis principios escribí una breve historia de amor a primera vista. Ah, y otra cosa. Si encontráis alguna similitud del prota masculino con Step, el de Moccia, no es que yo también lo esté plagiando, sino que a mi amiga le gustan los tipos duretes que van de malotes.

Y cierro ya la bocaza y os dejo un fragmento.

P.d. Si veis que algunas expresiones no tienen sentido comprendedlo, es la jerga que utiliza mi grupo.

Tarde de mayo lluviosa. Marta anda sin rumbo fijo por la calle absorta en sus pensamientos. La gente pasa a su lado pero ella ni se inmuta, su mente está lejos de allí, a años luz de cualquier ser humano excepto de él. Piensa que parece que fue ayer cuando lo conoció y se enamoró. Por fin alguien que merecía la pena había aparecido en su vida. Lo más irónico era que ni siquiera lo había estado buscando, había aparecido en ella casi por arte de magia. Después de todo, iba a ser verdad el hecho de que no había que perseguir al amor, sino que un día él iría a ti.

Paso a paso y sin darse cuenta se había ido encaminando hacia el lugar donde lo vio por primera vez, ese lugar al cual había ido mil veces a regañadientes, el cual había sido maldecido e injuriado mil veces durante toda su vida. El lugar que había presenciado el encuentro de dos pares de ojos que al cruzarse, se enamoraron, a pesar de que sus respectivos dueños aún no se habían dado cuenta de ello.

Con una sonrisa Marta comenzó a rememorar todo lo que había pasado desde ese instante en el cual casi muere trágicamente atropellada por una moto parada. Se echó a reír, mira que era exagerada…


El timbre había sonado. Un tropel de chicos y chicas salieron corriendo del colegio como si estuviesen repartiendo gambas en bote por la calle; entre ellos se encontraba un grupo de 6 chicas.

_ Os juro que un día de estos cojo a un negro y os lo coloco delante vuestra a ver si comenzáis a correr detrás de él y así os dais un poco de aire y conseguimos salir del colegio incluso antes de que las propias pelusas se aburran de estar aquí y se muden.

_ Ay chica, es que hay noticias frescas y teníamos que hablarlas.

_ ¡Siiii! Que fuerte en serio, que se han liado, quién iba a imaginarlo siquiera. Esto es casi mejor que el Sálvame Delux de los sábados noches.

_ Pero que chispa que tiene esta chica. Jijijijijiji.

Marta e Inma comenzaron a reírse escandalosamente ante el chiste originalmente contado, o al menos para ellas así era. El resto de sus amigas, en cambio, comenzaron a darse cabezazos contra la barandilla de las escaleras de salida.

_ Mirad, mirad, para que veáis que también me sé dar aire, voy a salir la primera de todas, puajajajaja, pringadas.

Y así Marta, haciendo un alarde inesperado de afán deportivo, corrió cual mujer que persigue a un negro hacia la calle, tropezando una vez allí con una moto aparcada y con el chico que estaba subida en ella.


El timbre había sonado. Un tropel de chicos y chicas salieron corriendo del colegio escolapios como si estuviesen repartiendo gambas en bote por la calle; en ella había un chico montado en su moto esperando.

Marco llevaba allí un buen rato observando el panorama y esperando al capullo que se había metido con su hermano pequeño. Había cometido un grave error. Con el hermano de Marco no se metía nadie excepto él.

Y aquel que había cometido el fallo de hacerlo se daría cuenta de ello muy pronto.

Marco no era lo que comúnmente se denomina un chico bien. No era el típico muchacho que todo padre desearía como novio para su hija. Es más, ningún padre desearía que se acercase a menos de mil metros de ella.

Marco no era un adolescente a la usanza. Su historia era más bien curiosa. En apariencia él era un tipo duro. Chupa de cuero, básico blanco debajo, pantalones vaqueros rotos y deportivas oscuras. Gafas de sol negras, para que nadie pudiese ver sus ojos, esos ojos que desde hacía trece años no habían probado el sabor de las lágrimas. Rasgos duros, marcados, que le conferían un aspecto fiero, salvaje. Boca jugosa, con una cicatriz en la comisura que le hacía apetecible para toda chica. Lástima que para él fuese como si no existiesen, ninguna había conseguido irrumpir en su vida y romper la coraza de hierro que se había forjado en torno a su corazón.

Parecía recién salido de los barrios bajos de la ciudad, pero la calidad de las ropas y de su moto lo delataba. No era lo que se dice un niño pobre.

En verdad, sus padres eran los mayores accionistas de todas las cadenas inmobiliarias del país, si quisiera, podría haber empapelado su habitación con billetes de quinientos euros. Sin embargo, él odiaba su vida. Odiaba el mundo que lo rodeaba, ese ruido continuo que generaba la gente al pasar a su lado, ese torrente de imágenes borrosas que era su vida. Odiaba no tener una mano que lo sujetase en medio de toda esa locura. Odiaba a sus padres por no quererle. Odiaba a sus amigos por ser unos hipócritas. Y sobre todo se odiaba a sí mismo por no ser capaz de amar.

Fue entonces cuando perdido en esos pensamientos una chica arremetió contra su vida literalmente, es más, hizo que cayese de la moto y por si fuera poco, acabó sentada encima de su estómago.

_ Ayyy, que daño. Creo que me he roto el coxis. Aunque ahora que lo pienso, juraría que la última vez que me caí el suelo estaba más duro.

_ Ehh, perdona, siento mucho interrumpir tu fascinante monólogo sobre la dureza del suelo, pero creo que sobre lo que estás sentada no es suelo, sino mi estómago.

Marta miró hacia abajo y se encontró con el chico más guapo que había visto en su vida y se le cayó la baba. En ese instante, Marco miró hacia arriba y vio por primera vez en su vida a una chica y pensó que era preciosa. Algo blando corrió juguetón por su estómago. Algún sabio doctor diría que eso era una reacción del ser humano ante la proximidad de un ser contrario de tu sexo el cual te es atrayente. Marco dijo que eso era simplemente un calambre por el hecho de tener sentada encima suya a aquella chica. La simple realidad es que ese escalofrío interno fue la alegría que sintió su cuerpo cuando sus ojos quedaron prendados de los ojos de ella. Nunca habían visto unos ojos tan bellos. Durante ese breve instante todos los cabos sueltos de sus vidas encajaron y se sintieron en paz y felices consigo mismos, ambos habían encontrado a la persona adecuada. Lástima que las personas sean tan cabezotas y no sean capaces de reconocer la verdad aún cuando la tienen delante de ellos.

Marta se levantó rápidamente del estómago de Marco y comenzó una letanía de disculpas por haberse abalanzado encima suya, haber hecho que se cayese y haberle atropellado de tal forma.

_... en serio, yo no quería, pero me tropecé con mi bufanda anaconda y pues… me caí jijijijijijijiji, lo siento en serio.

Marco la miró con cara de incredulidad: ¿Cómo se podían decir tantas palabras en tan pocos segundos? Si todas las chicas eran así le parecía que era mejor volver a su antiguo estado catatónico.

_ Oye mira niña, no pasa nada, se ve que eres una patosa y que te has caído encima mía. No hace falta que te disculpes más, mensaje captado, estás arrepentida, punto, Y ahora si no te importa estoy esperando a alguien, adiós.

Marta abrió la boca cual muñeca hinchable. ¿Qué se había creído ese chico? ¿Solo porque era guapo y olía bien se suponía que podía meterse con ella? ¡Pues no señor! Y con un alarde de valentía, Marta se enfrentó a su adversario.

_Bueno mira, perdona, no creía que te iba a importunar tanto el que sin querer me haya caído encima tuya, pero tranquilo que a partir de ahora miraré donde piso, no vaya a ser que vuelva a tirar ese cutre-triciclo que usas por moto y vaya a ensuciar esa chaqueta que por cierto es de hace ya tres temporadas, tan hortera que llevas.

_Pero bueno, ¿se puede ser más mostrenca? ¿Te abalanzas como una loca sobre mí, me tiras la moto al suelo, te sientas encima de mi estómago y por si fuera poco me insultas? Yo que tú iría a un psicólogo porque estás mal de la cabeza.

Y dejando a una enfadada Marta plantada en medio de la calle, arrancó la moto y se fue de allí con un enfado similar al de ella. Tal para cual.

Mientras, las amigas de Marta se habían quedado un tanto apartadas de ella viendo cómo se peleaba con ese chico. Todas sabían que Marta se estaba muriendo por dentro por lo bueno que estaba y por ello ninguna de ellas fue a defenderla mientras duró la disputa. Además, era demasiado divertido verlos discutir. Por eso, cuando una indignada Marta llegó al grupo, sólo pudieron hacer una cosa, echarse a reír.

_Vaya Marta, ¡enhorabuena! ¡Por fin has ligado! Y la verdad, por una vez en tu vida has elegido con gusto. ¿Cómo se llama el afortunado?

_ ¡Que os den morcilla! Ese niño era un tonto y un estúpido, menos mal que nunca más voy a volver a verlo, porque si lo hiciese le daría una bofetada. Bueno no, eso no, ¡pero lo pensaría al menos!

Ante ese comentario, todas se echaron a reír, sin saber aún cuan equivocada estaba Marta. Ninguna sabía que el futuro depara a cada uno extraños caminos y el de Marta y Marco estaba predestinado a cortarse por un punto a partir del cual sus vidas quedarían entrelazadas. Un atento observador que hubiese estado mirando la vida de ambos se habría dado cuenta de que había indicios de que ambos estaban predestinados a estar juntos, como el hecho de que la primera palabra que ambos dijeron ellos fue hamburguesa, o el hecho de que ambos se volvían locos cuando alguien colocaba un trozo de fuet delante de sus ojos. O quizá por el hecho de que las semillas del primer diente de león que sopló Marta fueron mecidas por el viento y acabaron enredándose en el cabello de Marco.


Por cierto, se aceptan sugerencias para mejorar mi estilo de escritura.

4 comentarios:

Eme dijo...

MI PEQUEÑA!! MI PEQUEÑA SE HA HECHO MAYOR! MI PEQUEÑA HA PUBLICADO AL AMOR DE MI VIDA!
Ciela, en estos momentos, te amo y te odio al mismo tiempo. Te amo porque es la historia mas bonita q he leido en mucho tiempo.
Y te odio...porq tuviste la desvergüenza de crear al hombre q esta hecho a mi medida, y de quitarmelo, fabricandolo con tinta y con papel =(
Me encanta la historia=)Espero q me hagas una segunda parte(L)

Noel M. dijo...

@Eme: Tienes un morramen que te lo pisas ¬¬ Tú sabes la de historias que me estáis haciendo escribir? Porque amora, te recuerdo que Inm y Mon también quieren una. Y ya se sabe, segundas partes nunca fueron buenas JUM Y tu tranqui eme, ya encontraremos a alguien que se parezca a Marco ;p

BESOS CARIÑA!

Irewen dijo...

¡Qué sorpresa! Entrar y encontrarme con esto es fantástico :) Me ha gustado mucho esta primera entrega, así que espero poder leer más de lo que escribes. Tienes puntos geniales, dentro de una historia que parece seria sueltas frases que me han hecho reír. Hay una frase que creo que todos los hermanos comprendemos: Con el hermano de Marco no se metía nadie excepto él.

Todo el relato está lleno de tu forma de escribir, de esa forma de escribir que tanto me hace sonreír, así que por mi parte perfecto. Estaré atenta :)

Besos

Noel M. dijo...

@Irewen: Gracias ^^ La verdad es que yo tengpo muy asumidito que si tuviese que ganarme la vida escribiendo pasaría más hambre que un perro vagabundo, pero me gusta escribir relatos breves. Y tranqui, que ya iré metiendo trozos. Aunque tu tienes que seguir también publicando la historia de Alana JUM -^-

Besos!!